jueves, 13 de diciembre de 2012

Un rayo de sol para espantapájaros

  
Los brazos del viejo y olvidado espantapájaros estaban a punto de vencerse por el peso del montón de pájaros sobre ellos. De su sombrero hecho girones caían trozos de paja, pretendiendo simular el sudor humano.

Intentó sacudírselos sin éxito.

Rayo de Sol, la pajarita más pequeña, comenzó a picarle los ojos y la nariz.

-¡Ay! –Se quejó el muñeco.

-¿Quién dijo “ay”? –preguntó en voz alta Rayo de Sol, asustada, volteando para todos lados, para ver de dónde provenía el lamento.

-¡Pues quién ha de ser! ¡Yo! –Replicó espantapájaros con voz dolorida-. Me estás picando y, ¿quieres que no me queje?

-¿Tú? ¿El espantapájaros? –dijo asombrada Rayo de Sol, abriendo los ojos como caleidoscopio de coloridas formas. –Mis papás dicen que eres un muñeco, un hombre de a mentiras que la gente hace para asustar a la parvada.

-Sí, soy un hombre de a mentiras, pero un espantapájaros de verdad –repuso molesto el muñeco hecho de trapos y palos.

-¿Me debo asustar? –preguntó temerosa.

-¡Mmmmmm! –musitó con enojo el espantapájaros. -¡Deberías! Pero, hace tanto tiempo que estoy aquí, que ya nadie se asusta de verme. Me había acostumbrado a aguantarme y guardar silencio pero, cuando comenzaste a picarme los ojos, ¡ya fue el colmo! Que se me paren en los brazos y el sombrero y se pongan a cantar, ¡es muy bonito! Pero, que ya hasta me piquen, sin ningún respeto… ¡No se vale! –dijo al tiempo que dos lágrimas corrían por sus mejillas descoloridas y llenas de polvo.

-¡No llores! –exclamó con angustia Rayo de Sol. –Yo no sabía que sí sientes, ¡discúlpame!

-No te preocupes. Ando muy sentimental ¡Es que me siento tan solo! –respondió el espantapájaros soltando de nuevo el llanto.

-Al que no habla, Dios no lo oye –dijo con una gran sonrisa la hermosa avecita. -¿Cómo vas a estar solo si somos una gran parvada? Y, si tú quieres, podemos ser tus amigos –remató guiñando un ojo.

 
Y cuentan los que cuentos cuentan, que desde entonces las aves se han hecho grandes amigas de todos los espantapájaros del mundo.

Si no me crees, cuando vayas al campo observa cómo, alrededor de ellos, revolotean aves de todos los tamaños y colores, en medio de un gran algarabía.

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